Saturday, April 19, 2008

Libertad de expresión


Estos días de tanta zozobra electoral hemos cruzado en el blog, entre unos y otros, comentarios de todo tipo; en todo caso se ha actuado con respeto: Estoy de acuerdo, no lo estoy, tengo miedo, tengo pavor, estoy que no me llega la camisa al cuello, yo paso, no sembremos el odio, no entremos al trapo, tomemos lexatín, valeriana…
Hemos dicho lo que nos a apetecido ejerciendo eso que llamamos libertad de expresión, que no es otra cosa que poder transmitir públicamente un pensamiento previamente elaborado.
Creo que salvo en una ocasión, no he borrado nunca ningún comentario. En efecto me parece que todo ha de tener límites y que la frontera entre el insulto y la libre palabra está ya meridianamente trazada desde hace mucho.
Llegados a este punto, el otro día pude ver a María San Gil, miembro destacado del Partido Popular en el País Vasco, salir por pies de la Universidad de Santiago de Compostela. Ayer, la historia volvio a repetirse en la Pompeu Fabra con Dolors Nadal, cabeza de lista por el mismo partido en Cataluña.
Antes, las Universidades tenían la vocación de enseñar a la gente a pensar. Ahora creo que son máquinas recaudadoras de matrículas y oficinas de colocación de hijos de ilustres y demás familia, perdiendo un poco su antigua esencia. Pero, con independencia de las transformaciones que haya experimentado nuestra endogámica red univiersitaria, bien es cierto que hay gentes a las que se les ha podrido ya tanto el cerebro que no hay nada que hacer y enseñarles a pensar deviene en una empresa irrealizable.
La posibilidad de hablar, de expresar sin miedo aquello que se piensa, de actuar dentro de las reglas del respeto a aquel que no razona como tú, son elementos fundamentales de un Estado democrático, en una sociedad civilizada.
Cuando entro en la sede del Gran Oriente de Francia, en París, lo primero que uno observa al fondo del pasillo, grabado con letras doradas sobre un muro de mármol blanco, es esa frase atribuída a Voltaire, y también a Saint Exupéry, con arreglo a la cual, aunque uno no esté de acuerdo con lo que dice el vecino de enfrente, se debe batir contra viento y marea para que nadie le discuta el derecho a poder decirlo.
Pues eso: nunca se me ocurriría votar a María San Gil o a Dolors Nadal. Antes preferiría quedarme en casa sin ejercer el derecho que me corresponde en este estado de cosas. Pero nunca jamás haría nada para impedirles hablar. Me resulta nauseabundo que en sendas “casas de la razón” (la náusea sería la misma en cualquier espacio, pero una universidad añade inevitablemente un plus de repugnancia a los hechos) un ridículo grupo de alborotadores, agitadores de pasillo, embadurnadores de pared, haya hecho salir corriendo a dos mujeres que sólo querían decir a un auditorio aquello que pensaban.
Ahora me acuerdo de Ruiz Gallardón hace años, en plena zozobra antibelicista por la guerra de Irak, dejando intervenir en un acto público en el que participaba a un grupo de estudiantes que había ido a protestar por la decisión gubernamental de implicar a España en aquella invasión. Los estudiantes pudieron hablar. Pero Gallardón, a pesar del gesto, no pudo hacerlo. Su silencio obligado ridiculizó a aquellos que, desde el ejercicio legítimo del derecho a la protesta, no supieron entender en qué consiste eso de expresarse libremente.
Y a la memoria me viene también aquella algarada que le armaron los chicos de la gomina a Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid… Otra vez la Universidad… Entonces, la lectura hecha por algunos fue la de una juventud rebelde extenuada ante tanta corrupción. Hoy, curiosamente, los mismos exégetas, ya no hablan de juventud rebelde sino de que alguien le ha dado alas a los radicales, sacándolos de su caja de Pandora.
Sea como fuere, bien estará que llegue el día en el que uno pueda hablar sin temor a salir cobardemente lanceado como el toro de Tordesillas; y mejor estará que llegue también el momento en el que nadie intente justificar estos estallidos de estupidez y violencia, insoportables para cualquier democracia seria que quiera ser tenida por tal.
Por cierto, una gran parte de los alborotadores de la Pompeu Fabra y de la Universidad de Santiago estudiaban Derecho ¡A dónde iremos a parar!

Inconstitucionalidades

Ayer por la tarde me puse muy contento. Este titular fue la causa: “El Constitucional rechaza el recurso del PP contra la paridad en las listas“. No es que estuviera yo muy preocupado por las andanzas constitucionales de los diferentes recursos que ha presentado la primera fuerza política de la actual oposición; pero sí aguardaba especialmente el resultado de dos de los pleitos promovidos por el partido del candidato previsible.

Digo que aguardaba “especialmente” el resultado de dos de los pleitos porque en el fondo los que hay planteados con cierto calado son tres. Uno el del estatuto catalán que, la verdad sea dicha, no me quita mucho el sueño: A quien Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Pase lo que pase Acebes saldrá bramando y Zaplana nos mirará así, de medio lado, reprendiéndonos por nuestra mala conducta.
Pero los otros dos me tocan la fibra sensible. Un litigio ha terminado. La impugnación de la Ley de Igualdad de 2007 a raíz de lo que se ha mal llamado composición paritaria de las listas, ha quedado en nada. Los recurrentes se olvidaron de que la Constitución con la que tanto se llenan la boca obliga a los poderes públicos a promover la participación en al vida política de todos los ciudadanos. En ese plural van incluídas también las ciudadanas de este país, resignadas durante tanto tiempo a quedar entre los pucheros de Santa Teresa y a quebrar la pata viendo pasar los días desde su casa. Y olvidaron también que el Alto Tribunal constituye en sí mismo un verdadero prodigio en la Europa continental, porque desde hace años ha sido este órgano el que ha experimentado una evolución en sus pronunciamientos, desde la igualdad formal a la material, yendo por delante del legislador y sentando las bases que han permitido elaborar una compleja normativa en ámbitos tan diversos como el laboral, electoral, social…
De ayer a hoy he escuchado de todo. Y he leído también de todo. Si hay diez hombres válidos y diez mujeres de las que ocho son una nulidad, la ley obliga a meter en la lista electoral a completas inutilidades… Eso leía ayer en un comentario. Lástima que esta inquietud no haya surgido hace unos cuántos años -y también ahora, en la actualidad-, cuando a las mujeres válidas se las dejaba -y se las deja- al margen por el hecho de ser mujeres. Esa es una realidad que se discute pero que, desgraciadamente, es evidente, palpable e innegable. Incluso cuando se expone el argumentario por los resentidos que ha dejado esta resolución del Constitucional, se olvida que también hay hombres inútiles. Y muchos, es evidente.
Queda además el otro recurso; el que ha promovido el partido del candidato previsible frente a la Ley que regula el matrimonio civil y que permite que personas del mismo sexo puedan también suscribir este tipo de contrato. No gusta el nombre. Y por eso se promueve nada menos que un recurso ante el órgano que vela por la constitucionalidad de las leyes españolas. Aguardo impaciente la resolución de este otro entuerto en la confianza de que nuevamente el Constitucional ponga los puntos sobre las íes. Llegado el día ya hablaremos, pero de momento se puede decir que cosas que no tienen el mismo nombre no contienen los mismos derechos. De hecho ahí está el señor don previsto diciendo que aspira a una ley como la de Francia… Casi nada. Francia está hecha un trapo viejo en esta materia. Está claro que de la “grandeur” no se come y que ser rentista de la historia te acaba abocando a la miseria. Todavía no hace tanto que cesaron al alcalde de una pedanía de Burdeos porque quiso celebrar un casamiento saltándose el Código de Don Napoleón. Menudo modelo previsible.
Hoy me siento satisfecho. Me acuerdo de esa cita de Clara Campoamor que citaba en el Parlamento el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero:”Se trata de que los hombres encuentren a las mujeres en todas partes, y no sólo donde van a buscarlas”.
Cuánto mejor estamos así que haciendo sonar la bolsa de los dineros y repartiendo maná entre las clases medias de esta sufrida casa nuestra.
Buen día a todos y a todas; y recuerden que, a tenor de las últimas medidas que se proponen, aquello de hablar catalán en la intimidad va a tocar a su fin.
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El aborto en España

Sucede todos los años; lo que pasa es que en éste le hemos prestado un poquito más de atención al asunto por la proximidad de la cita electoral: varias clínicas privadas en las que se practican interrupciones de embarazos han sido atacadas por los “apóstoles de la vida”; ésos que un día evangelizan el mundo y otro salvan a la patria. La llamativa expresión incívica suele acaecer el día 28 de diciembre de cada año, coincidiendo con la onomástica de Herodes (aquel rey que temió con mucha razón por la supervivencia de su poder terrenal), y consiste en la realización de algún asalto que otro, pintadas injuriosas o concentraciones espontáneas en las que se puede escuchar un vocabulario selecto.
Al margen de esa fecha, estos grupúsculos celebran otras conmemoraciones similares que van desde el “día del niño no nacido” hasta el paseo urbano con hucha incluída.
No es la primera vez que camino del trabajo me para una señora encopetada, ataviada con un visón (casi nunca veo señores en estas empresas), pidiéndome un óbolo “para ayudar a los niños”. ¿Para ayudarles a qué?, respondí en una ocasión. ¿Para que no los maten?. Entonces no pida para ayudar, pida para que no los maten. ¿Dónde los matan?¿Aquí, en España? … Bueno, es una campaña de Adevida en contra del aborto… Haber empezado por ahí, mujer: ¡Ni un euro! Seguí caminando y todavía me dio tiempo a escuchar a la mujer preguntar… Pero ¿por qué?
“Alternativa Española”, “Nación y Revolución”, “Adevida”,y otras organizaciones, forman parte de ese fragmentado espectro bicolor que se apunta tanto a preservar la españolidad de Navarra, festejar las beatificaciones concebidas en la cadena de montaje vaticana, o concentrarse ante las clínicas privadas que, cumpliendo la legislación aprobada por el Parlamento de la Nación, practican abortos.
Hoy ha vuelto a suceder. No se sabe quién ha llenado de pintadas la clínica Isadora, establecimiento que, entre otras muchas cosas, forma parte de la red de centros puestos en marcha desde la iniciativa privada para hacer posible el aborto de aquellas mujeres que, cumpliendo los requisitos que establece la ley, manifiestan esta voluntad. Y no es un acontecimiento aislado: durante los últimos días -lo decía antes- son varias las instalaciones sanitarias que se enfrentan a la misma situación, llegándose incluso hasta a denunciar algún asalto.
No me cabe duda de que hay gentes que no se plantean ni de lejos la posibilidad de que quepan en el mundo otras opciones ideológicas diferentes a la suya: Si ellos tienen una concepción determinada en torno al origen de la vida, ésa es la única posibilidad que existe. Si tienen una concepción concreta de cuál ha de ser la familia a la que el Estado ha de arropar bajo sus alas protectoras, ésa ha de ser la única familia a considerar. Si tienen una concepción de “la verdad”, ésa y no otra, es la verdad a tener en cuenta. Si tienen un esquema educativo concreto, ése es el único a aplicar; y cuando a alguien se le ocurre cuestionarlo gritan contra el adoctrinamiento que les es impuesto por el rojerío. Todo lo demás sobra sin que haya lugar a cuestionarse absolutamente nada. Y lo que es más grave: sobran quienes piensan diferente; quienes se salen del redil; quienes tienen otra concepción vital o ideológica. Es, ni más ni menos, el destino a que aboca desde siempre el dogmatismo.
Así las cosas, durante estos días hemos visto vacilar al partido que sustenta el Gobierno en torno a la elaboración del programa electoral y la inclusión en el mismo del aborto y la reforma de la legislación aplicable en la actualidad.
Cuando en los años ochenta se abordó el problema se enfrentaron tres posiciones diferentes: La contraria, inasequible al desaliento y que sigue hoy latiendo en cada asalto y alboroto; y dentro de las favorables, una corriente posiblista y otra maximalista. La maximalista concebía -y lo sigue haciendo- el aborto como un derecho de la mujer a disponer de su cuerpo, de su propia integridad y existencia; la posibilista pretendía sacar adelante una ley de mínimos que introdujera un cambio legislativo trascendente en medio de un tenso debate. Esta fue la posición sostenida por el Gobierno de Felipe González y que mantuvieron sin reformar los sucesivos Gobiernos de José María Aznar.
La reforma legal afectó fundamentalmente al Código Penal, despenalizando el aborto en tres casos concretos: Cuando el embarazo tiene su causa en una violación, en cuyo caso el aborto puede practicarse mientras el feto no supere las doce semanas de existencia; cuando el feto se ve afectado por malformaciones que afectan a su viabilidad, ampliándose el plazo en este supuesto a veintidós semanas; y cuando es la mujer la que sufre algún tipo de daño para su salud que deriva directamente del embarazo, en cuyo caso no existe limitación temporal alguna.
El problema que se plantea no puede ser examinado, a mi modo de ver, entrando en el debate de si se suprime una vida humana o no, o si el feto tiene una determinada forma a partir de tantas semanas de gestación; entiendo que esa situación ya ha sido superada con independencia de que cada cual tenga sus opiniones. Ha de irse más allá: La existencia de casos en los que se plantea una despenalización del aborto no permite una revisión negativa o restrictiva; es decir, esta fuera de lugar desandar lo andado. Tampoco cabe el silencio ante la situación que en la actualidad se plantea. Existe, además, una fundada opinión de la comunidad científica que permite un mejor conocimiento de la problemática a la que nos enfrentamos. Y, por supuesto, dejo a un lado todo aquello relacionado con las concepciones vitales manejadas por algunas confesiones religiosas, en especial la católica, pues en tanto que íntimas y personales no pueden afectar a lo que se legisle desde los poderes públicos de los que se dota la sociedad civil.
¿Cuál es esa situación ante la que nos encontramos? En España son las clínicas privadas las que practican abortos. Apenas sí llegan a un tres por ciento anual las interrupciones de embarazo que se practican en la sanidad pública. Y además se ha reconocido “de facto” un dudoso derecho de objeción de conciencia al personal médico, lo que lleva, probablemente, a que desde el erario público se sostenga a todo un entramado de clínicas particulares que, de no existir, harían inútil toda la legislación existente. Por otro lado la despenalización se ha visto superada por la realidad. Entre los supuestos que antes citábamos indicábamos uno en el que no existía plazo al que ajustarse para practicar la interrupción del embarazo: aquel en el la madre corre algún tipo de riesgo de proseguir con la evolución normal de la gestación. La realidad es que dado que en España no existe la posibilidad de que una mujer decida libremente si quiere o no continuar con su embarazo (deben darse unos supuestos concretos y tasados para poder abortar), se produce habitualmente un fraude de ley consistente en que un profesional médico certifique que la mujer sufre, con el embarazo, algún tipo de trastorno o disfunción psicológica grave que hace necesario practicar la interrupción del embarazo.
Debemos reflexionar en profundidad sobre qué queremos hacer de nuestra normativa y cómo queremos que se consoliden los derechos adquiridos por las ciudadanas de nuestro país. Se empieza a hablar, creo con cierta consistencia ya, de introducir en nuestro ordenamiento jurídico una “ley de plazos” que acabe con este sistema que, si bien en un determinado momento pudo ser el más adecuado y posible, en el momento actual se revela como insuficiente y superado por las circunstancias.
Siempre existirán otras posiciones. Algunas concebidas creo que con respeto y desde opciones diferentes que no hacen sino enriquecer los debates y la expresión de la opinión vertida. Pero también existirán agitadores y asaltantes; oportunistas electorales; tibios que se lavan las manos. Eso no debe asustar ni impedir que, con valor, seamos capaces de afrontar esta realidad y dar una respuesta que, en mi modesta opinión, se convertirá en un paso adelante más en la conquista de derechos sociales y en el progresivo asentamiento de ese lento caminar del laicismo en España, que no persigue otra cosa que solidificar nuestra democracia.

Donde las cosas se tuercen

La semana pasada leía una frase del Sr. Ratziger, cabeza visible del Estado Vaticano, cargada de razón: Las cosas comenzaron a torcerse con la Revolución Francesa. Evidentemente se torcieron para lo que él representa, robándole la tranquilidad del sueño. Y visto desde otra persepectiva, la que a mí me atañe individualmente y con la que nos identificamos muchas personas, también podría decirse que “las cosas” comenzaron a enderezarse a partir del episodio revolucionario del país vecino, con el nacimiento del Estado-Nación, los cimientos de la moderna concepción de separación entre iglesias y Estado, o el desarrollo del humanismo en los ámbitos de la justicia y poder civil, por citar algunos ejemplos trascendentes que molestan a las jerarquías religiosas en general. No puede negar nadie que la posición del actual Papa de Roma encaja a la perfección con lo que la alta dirección eclesiástica ha venido sosteniendo desde sus primeros tiempos, aquellos en los que pasaron de ser perseguidos a covertirse en perseguidores. No debería por tanto extrañar que esto sea así; pero por la misma razón tampoco debe asombrar que el espíritu de la razón, una vez que se alumbró la llama, siga latiendo en alguna parte del mundo, y haya también quien levante la voz en medio del vendaval de ruido para exponer una amarga queja o, mejor, un aullido de protesta.
Afortunadamente, esa posición de resistencia frente a los intentos reiterados de construir una sociedad supeditada a las convicciones religiosas de unos u otros, ya no se reduce a esta o aquella organización; a este colectivo o al de más allá; las cosas han experimentado desde aquel 14 de Julio en que se desmontaron las piedras labradas de La Bastilla una cierta evolución, y son muchas las organizaciones e individuos con reflejos suficientes para echarse las manos a la cabeza cuando hace falta.
No sé si esa pluralidad “protestante” a la que me refiero provoca que los gobiernos de los países reaccionen a veces con acierto frente a esos intentos de imponer a la generalidad de la sociedad la esencia y consecuencia de un credo determinado. A la inversa, el silencio que a veces también resuena, permite que los titubeos se adueñen de todo y podamos contemplar escenas curiosas, como la de nuestra Vicepresidenta del Gobierno en pleno besamanos en la Ciudad del Vaticano, soportando (no sé si porque quiso o no le quedó otro remedio en este impasse electoral) esa monserga clerical según la cual no puede construirse una sociedad al margen de Dios.
Quiero con esto criticar la flojera que en los últimos tiempos le ha entrado a casi todo el mundo en España. Me vienen a la memoria el colectivo de profesores, sindicatos y sindicantes, que apenas si respondieron bajito a los que comparaban la Educación para la Ciudadanía con una roja formación del espíritu nacional; o el colectivo médico, que ha guardado silencio monacal mientras una teledirigida y rancia gallega interponía una denuncia frente a varios investigadores que utilizaban células madre en sus estudios; o el propio Gobierno de este patio de Monipodio, que no para de lanzar desde los medios de comunicación afines, mensajes de renuncia para encerrar en el armario al fantasma del Frente Popular.
Esto último es quizá lo que más me ha molestado: Las renuncias a tratar cuestiones como el aborto o la eutanasia en el próximo programa electoral socialista me producen una desorientación tremenda. Y es que este camino hacia la moderación etiquetada emprendido de forma tan repentina no acaba de convencerme. Menos me motiva aún el hecho de que dentro del catálogo de renuncias se incluya también la denuncia de los acuerdos de 1979 suscritos con la Iglesia católica, cosa ésta que quedará pospuesta por los siglos de los siglos y sin remedio a la espera, quizá, de una mayoría absoluta que permita coger el toro por los cuernos.
No dejo de reconocer un hecho: hay poderes mediáticos que tienen un peso tremendo y que ejercen la función de flautista de Hamelin con notable éxito. Desde los telepredicadores del apocalipsis matutinos, hasta lo que pretende ser prensa seria levantada a costa de titulares de negra falsedad, existe una retahila de instrumentos y libreros que hacen calar sin mucha dificultad en una parte de la población el mensaje de la tragedia y hasta el de la conjura masónica. Frente a eso es difícil luchar cuando los propios útiles afines están más pendientes de los réditos que pueden sacar con la cobertura de determinados eventos deportivos, y se pierden en una algarada mediática: millones de euros gritan su cólera por los aires…
Pero frente a este incansable flautista presente siempre entre nosotros, que no cesa de soplar y soplar, no acaba de surgir una voz con suficiente fuerza: no nos sirven las pequeñas agrupaciones; ni las asociaciones de ateos a las que encima se censura desde un supuesto progresismo más bien cateto; ni tampoco el silencio cómplice de las castas funcionariales o de los elegidos de turno. Nuestros corazones “protestantes” se han quedado adormecidos, muertos de éxito o de miedo, no sé bien; incapaces de agitar las calmas aguas de este estanque por el que navega la historia. A lo mejor el rumbo se vuelve a enderezar y don Benedicto recobra el sueño. Yo confío, sin embargo, en que siga teniendo largas noches de insomnio.
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Delincuencia y castigo: un falso debate

Hace ya tiempo leí este breve artículo de Jean Michel Quillardet. Breve pero intenso. Y también aplicable a nuestro país, que acaba de quedarse a las puertas de una profunda reforma, otra, del Código Penal. Salvando las distancias que marcan la referencias republicanas y el importe del salario mínimo interprofesional en nuestros dos países, no deja de ser cierto -y coincido con la opinión manifestada- que una sociedad democrática real debe tener presentes siempre determinados principios. Hay quien se conforma con reducir el régimen de libertades al depósito de un papel en una caja de metacrilato cada cuatro o cinco años. Quienes pensamos que ser libre en una sociedad implica algo más que la destreza en el manejo de una papeleta electoral, encontraremos, creo, algo que nos gustará en el texto que he traducido y que transcribo a continuación. Como siempre, buena lectura.
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Si no se puede menos que compartir el objetivo de todo gobierno en lo tocante al respeto de la paz pública, la represión de los ataques al orden público y la desaparición de la delincuencia, sí podemos preocuparnos ante la reorientación de todo nuestro sistema judicial, que tiende a transtornar todo equilibrio basándose únicamente en el castigo, terapia considerada necesaria para el apaciguamiento de los miedos colectivos.
Bajo la influencia de la filosofía de las Luces, el sistema judicial francés llegó a consagrar el principio humanista que la institución judicial debía trasladar a la sociedad así como a aquellos que se desviaban y no encajaban en la misma.
¿Cuáles son las causas de la delincuencia?
Cada uno de nosotros sabe que hay causas con su origen en la naturaleza humana y que no pueden ser explicadas sino por psiquiatras: Se trata en este caso de transtornos graves de la libertad y de la voluntad que no podrán ser extirpados nunca basándose en la ejemplaridad de la represión, puesto que estos delincuentes, en su mayor parte de carácter sexual, integran un grupo de personas que no son dueñas ni de sus pulsiones ni de su instinto.
Existe otra causa incontestablemente social: Hoy en día ya no se plantea ningún tipo de reflexión en torno a esta inequidad notoria que se manifiesta en torno al dinero obtenido de manera fácil y en abundancia, y el modesto salario obtenido con el sudor de la frente.
Millones de euros ganados en la bolsa, recibidos cada mes como sueldo porque alguien dirige una empresa, o bien porque, a menudo como consecuencia del azar, ese alguien es una vedette de la televisión o del cine, frente a un salario mínimo interprofesional que no llega todavía a los 1500 euros, y que millones de hombres y mujeres se esfuerzan cada día en ganar. Cuando una sociedad toma como valor fundamental el éxito a partir del dinero, no debe extrañarnos que algunos para alcanzar ese triunfo lleguen incluso a la comisión del delito.
Estamos de acuerdo en que hay que combatir las mafias, las redes de tráfico de estupefacientes, la trata de seres humanos y el proxenetismo castigando estas conductas.
Sin embargo no es éste el tipo de delincuencia mayoritario que inunda los juzgados de instrucción y las audiencias.
Existen también otras causas sociales, ligadas a la integración, y asimismo al hecho de que el “ascensor social” ya no funciona, y a que progresar en nuestra sociead hoy es cada vez más difícil.
No es a través de la cárcel, o de la sanción y el castigo que logrará reducirse el volumen de la delincuencia. Por contra: sabemos que la prisión, principalmente para los más jóvenes, contribuye al contagio del crimen y a cerrar un poco más si cabe al individuo en ese ciclo de la desviación social.
Hacer creer al público que la firmeza, la supresión de toda amnistía y de toda medida de gracia, la elevación de las penas, el fin de la “minoría de edad”, tendrán el efecto de ejemplarizar y que, en consecuencia, la delincuencia disminuirá es completamente inexacto y tiene únicamente como finalidad hacer creer erróneamente que de una parte existe el bien, y de otra el mal; y que el mal no debe ser reparado sino alejado de esta sociedad bienpensante y llevado a la negra noche de las prisiones, lo cual, evidentemente, no impedirá que la delincuencia siga aumentando.
Así las cosas los humanistas no pueden hacer otra cosa que mostrar inquietud ante una política judicial que responde antes que nada, a la voluntad represiva del instinto popular para hacer frente a su miedo en vez de responder a la única cuestión que, en mi opinión, es digna del humanismo: Luchar contra la delincuencia atendiendo a sus causas estructurales, esto es, aquellas sobre las que se asienta la delincuencia misma.
La individualización de las penas, la humanización de los tratamientos, la prevención y el derecho de defensa son fundamentales en el sistema judicial humanista y republicano. Incluso aunque uno vaya contra la opinión pública, es necesario sostenerlos siempre.
Artículo escrito por Jean Michel Quillardet, abogado y Gran Maestre del Gran Oriente de Francia; publicado en Le Figaro el día 4 de agosto de 2007

El tiempo que vivimos

Cuántas veces he oído eso de “…Parece mentira. En los tiempos que vivimos…” Se presupone cuando se pronuncia esto que tenemos una conciencia muy formada de los valores que han de primar; de aquello que es correcto y de lo que no lo es; de aquellas cosas que tienen un grado de inadmisibilidad tal que provocan directamente el vómito de nuestra conciencia.
Y cuando se dice esto también se cae en el error habitual de pensar que vivimos en el mejor de los tiempos. En los tiempos en que el horror es algo tan excepcional que, cuando nos asalta, provoca una desagradable sorpresa. Un pequeño susto que quebranta el remanso de paz en el que creemos desarrollarnos y vivir.
Pero no, no es así. Vivimos el tiempo que nos corresponde con sus achaques. Y no hay, me parece, peor cosa que atribuírle un carácter excepcional a aquello que en tantos lugares es moneda de uso corriente.
Esta mañana escuchaba en la radio una noticia que me dejaba estupefacto y que, he de reconocerlo, me hacía posar los pies en la tierra y volver a poner el reloj en hora: La alta magistratura de Arabia Saudí acaba de condenar a una mujer de 19 años por haber viajado en un vehículo acompañada por un hombre extraño que no era ni su padre, ni su hermano. La condena en un primer momento consistió en la imposición de 90 azotes. Pero la revisión de la sentencia por una instancia superior elevó a 200 el número de golpes. No sirvió como atenuante el hecho de que la mujer, en el trayecto, hubiera sido violada por siete hombres. La dictadura religiosa, la maquinaria opresiva más perfecta que ha creado el ingenio humano, realizó a la perfección su trabajo.
Este es el tiempo en que vivimos. Hace algo más de doscientos años en Occidente comenzó a hablarse de los derechos individuales. Olympe de Gouges se atrevió a formular la declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y a colocar los primeros cimientos sobre los que se asienta el pensamiento feminista moderno. Pero hoy, doscientos años después, seguimos conviviendo con la opresión incluso en nuestra propia casa: Porque ni podemos olvidar lo que sucedía aquí hace cuatro días, ni tampoco cabe cerrar los ojos a lo que ocurre en el mundo en el que vivimos, y del que ya nada nos es ajeno por grande que sea la distancia que separa a unos seres humanos de otros.
Quizá lo que evita que caigamos en el abismo son las herramientas nuevas que algunos iluminados e iluminadas nos dejaron como legado. Son esos útiles con los que convivimos habitualmente; tanto, que nos sabemos párrafos enteros de memoria y pensamos que esas conquistas han estado ahí todos los días de nuestra existencia; y de las de nuestros padres; y de los que estuvieron antes. Pero no es así. Todos sabemos el riesgo que se corre si no se utilizan estas herramientas; si mellamos su filo; si guardamos silencio; si creemos que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que no nos sucederá nunca en nuestra caja de cristal: Siempre habrá un burka de nuestra talla; y un sastre dispuesto a confeccionarlo para que nos asiente a la perfección.
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Cristales rotos, cuchillos largos

En alguna ocasión he escrito sobre la especial configuración de la extrema derecha española, diluída en el silencio tras la muerte del último dictador, y que de vez en cuando deja entrever la lengua bífida según sople el viento, o late animada en el corazón de algún partido político mayoritario. La nuestra es una situación un tanto especial: España es un país de centro, todo el mundo lo sabe. La derecha no existe y la izquierda anda un poco perdida, dando cabezadas y bostezando, o echándole un capote al bufón nuclear de las Américas. Somos una nación civilizada, en la que los extremos apenas sí existen y, en consecuencia, aborrecen tocarse. Esta que acabo de apuntar es, claro está, la versión que desde los editoriales de la prensa bien pensante ha llenado nuestras retinas y cabezas durante los últimos años.

Cierto es que el espectro político visiblemente violento y radical apenas sí existe o se manifiesta. Pero cuando lo hace, deja una huella indeleble que hace recordar a lo peor de lo peor de cuanto hemos vivido. El último fin de semana quedó un joven de dieciséis años muerto en el metro de Madrid, acuchillado por un matarife metido a soldadito de plomo que asistía a una manifestación convocada por “Democracia Nacional”. Tiene gracia macabra el nombre.
Ahora, al ruído de los cristales rotos, acuden los vecinos y la portera de la centrada España. La militancia antifascista sale a la calle a reventar las cabinas de teléfono y los escaparates del centro de la capital del reino, métodos éstos que todos conocemos como un conjuro muy útil para lograr el establecimiento de la paz social, la eliminación de cuantos odian al diferente y la erradicación del fascismo en este suelo nuestro, empapado de caliente hemoglobina. Se anuncian nuevas manifestaciones en Madrid. Unas del gremio de cristaleros con conciencia revolucionaria -guardias rojos y esas cosas-; otras de los discípulos de José Antonio e Ynestrillas, que aspiran a llenarlo todo con el color cañí y la gallina imperial presente en el afán de sus pendones. Y con apenas media hora de diferencia y casi el mismo recorrido, un escalofrío recorrerá el espinazo de muchos ciudadanos este sábado y los días que nos quedan hasta el 20 de noviembre, jornada que debería ser festiva a todos los efectos por conmemorar el combate heróico en el que la biología se impuso a los sables, pistolas y sotanas.
La Delegada del Gobierno madrileña ha recogido la patata caliente titubeando como no era de esperar. Primero lanzó un discurso de pretendida firmeza que dejó entrever su voluntad de prohibir estos nuevos desfiles de la victoria en los que lo único que se hace es vociferar y sembrar la discordia racista y xenófoba. Pero la fiebre lúcida duró escasamente un día y en el momento actual estamos a punto de ver en vivo y directo las camisas azules, las banderas al viento, las boinas rojas, las cabezas peladas y huecas…
Hasta en Izquierda Unida ya ha habido quien se ha planteado la conveniencia de “ilegalizar” a todos estos partidos políticos que pervierten el órden constitucional; y ello a pesar de todo lo que se chilló en su momento frente a la normativa aprobada en el último mandato de aquel “estadista” nuestro que tenía acento mexicano. Un debate se ha abierto, por fin, en esta equilibrada sociedad, donde se plantea abiertamente la cuestión de qué ha de hacer el sistema democrático frente a quienes se sirven de él para llenarlo de agujeros.
No es difícil comprobar cuál es el mensaje político que desde la extrema derecha y los partidos de corte fascista se está lanzando: odio, racismo, confesionalidad católica del Estado, nacionalismo exacerbado, violencia… Ha sido necesario un muerto en el metro de Madrid para que los interrogantes llenen las cabezas ilustres que nos gobiernan. Un muerto. Otro más. Y tal vez haya quien necesite además una “jornada particular” para tener una conciencia cierta de qué es eso a lo que nos enfrentamos.
Hasta aquí hablamos de las camisas pardas, negras, azules… Da igual. Merecerían también un pensamiento todos esos “autores intelectuales” que cobijan sus sádicas reflexiones en la moderación; que disfranzan la alimaña a la que alimentan con una domesticidad interesada y que son, qué duda cabe, demócratas de toda la vida.
¿Son galgos? ¿Serán podencos?

Sostenella e no emendalla

Ayer se hacía pública la nueva portada del semanario satírico “El Jueves”, en la que se recogía la rectificación que la publicación hacía de la “escandalosa” ilustración de su último número, y de la que también se hicieron eco, la semana pasada, todos los medios de comunicación, públicos y privados, de nuestro país. A estas alturas el mundo todo está ya enterado de que, después de muchos años, España ha vuelto a conocer el uso de esa antigualla jurídica que es el secuestro de publicaciones; y lo más interesante está por venir, ahora que el proceso penal por injurias graves contra la Corona se ha puesto en marcha, y los responsables del supuesto delito van a declarar ante el Juzgado Central de Instrucción, en la Audiencia Nacional. Grandes cosas veremos, entre ellas, probablemente, el inicio de un debate que, espero, alumbre una pequeña reforma del Código Penal; y también una nueva pincelada judicial que dibuje los perfiles definitivos de la Libertad de Expresión en nuestro país.

Volviendo al terreno satírico, reproduzco ahora -cerrando por el momento las referencias a este tema- la portada rectificativa, que también ha sido reproducida hasta la saciedad por periódicos, radios y cadenas de televisión.

Decía en su momento el dibujante Guillermo, autor de la primera ilustración censurada, que no comprendía cómo el común de los mortales podía encontrar ofensivo el dibujo y no el texto que lo acompañaba; y me temo que ha vuelto a suceder lo mismo: Me he cansado de escuchar que las nuevas caricaturas retratan a la Sra. Letizia como una flor rondada por una abejita en la que se reconocen fácilmente las facciones del hijo del Jefe del Estado…Abejita, abejita…¿No será el que revolotea un real zángano?
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De copula principis

El Juzgado Central de Instrucción número seis, con sede en Madrid, y a cuyo frente se encuentra el juez del Olmo, conocido por ser el instructor de la causa abierta a raíz de los atentados del once de marzo de 2004 en la capital de España, acaba de ordenar la retirada del último número de la revista El Jueves, uno de los iconos gráficos, satíricos y mordaces que todas las semanas, desde que la democracia regresó a nuestro país, ocupa las cristaleras y estanterías de los quioscos.
Parece ser que la Fiscalía, esa a veces “cosa” que se encarga de velar por el interés general de los españoles, ha considerado que la portada del número en cuestión podría se constitutivo de un delito de injurias graves contra la Corona, y en consecuencia ha formulado denuncia y solicitado la incautación de todos los ejemplares a la venta. También se ha interesado por el Minsterio Público el bloqueo de la página web a la que, al tiempo de redactar este texto, ya no he podido acceder.
A mí no me cabe duda de que este es el problema más grave que tenemos los españoles, motivo por el que durante la noche apenas hemos podido dormir; y tampoco zozobra mi razón sabiendo que quienes a veces pilotan la Justicia son conscientes de que sus pies están muy pegados al suelo, tanto, que apenas sí son capaces de articular una sucesión de pasos y conocer el verbo caminar. No les pasa como al resto de los mortales, que estamos todo el día en las nubes, pasándonosla bien -sentencia sapientísima de doña Paulina Rubio, que brinca, canta, baila y dice memeces a alto precio-, sin preocuparnos por que el Estado que nos cobija pueda saltar en pedazos con la acción de un caricaturista bolchevique, que no ha tenido mejor ocurrencia que pergeñar una “copula principis”, dicho así, en rito tridentino, que queda como más regio y solemne. Menos mal que hay quien vela por nosotros ahora que la lucecita del Pardo ya se ha extinguido.
Otra vez la dama boba, la boba que lleva vendados los ojos y a la que le han robado la balanza, es el hazmereir de las Españas. Leyendo números dispersos de El Jueves desde hace años hemos podido ver en sus páginas al Rey desnudo o semidesnudo; en poses más o menos comprometidas; también al hijo del Rey; y a las Infantas y demás familia. Hemos visto a políticos de derechas e izquierdas caricaturizados como probablemente no les gustaría serlo nunca… Y jamás el Sr. Fiscal se rasgó la negra toga ante el quebranto y amenaza sufridos por el orden establecido: O leen muy poco, o se les ha muerto el sentido del humor, o los demás tenemos entretenimientos de dudoso gusto. Todo puede ser.
En la Facultad de Derecho tuve la desgracia de ser alumno de la Cátedra de Derecho Penal de Fabio Rodrigo Suárez Montes, quien en vez de darnos la luz sobre lo que debía dárnosla, ocupaba la mayor parte de su tiempo hablándonos del perverso Felipe González, y de la catástrofe que supondría para la imperecedera España la despenalización del aborto en los tres supuestos que todavía contempla la ley. Así que nunca llegué a conocer, de manos de un sabio, el intríngulis jruídico que presentan las injurias contra el Jefe del Estado.
Pero algo sé y me atrevo a preguntar: ¿Existe en el caricaturista bolchevique ánimo de injuriar, o se trata únicamente de una sátira? La verdad es que yo no aprecio “dolo”, esto es, la mala leche con que actúa todo malandrín que se precie en este viejo hogar de pícaros. No obstante uno no puede dejar de reconocer que el Derecho pasa por ser la ciencia más inexacta de cuantas son estudiadas por los bípedos implumes, y eso nos obliga a ser expertos, esencialmente, en inseguridad jurídica: Todo lo contrario de lo que nos contaban en la facultad.
No he podido en todo caso evitar recordar los secuestros de publicaciones que se hacían en otros tiempos en ésta, mi casa. La comparación surge inevitable. Y me asaltan ahora dudas que no tienen respuesta: ¿por qué existe la injuria contra la corona en este nublado día y no en otros tiempos y con otras caricaturas de la misma publicación? ¿Se da alguien cuenta de la puerta que se abre para que a algún ánima negra se le ocurra volver a sacar el ofendido sentimiento religioso a relucir? ¿Se da cuenta alguien de que se cierran hasta las ventanas por las que circula ese viento fresco que llamamos “Libertad de Expresión”?
Y digo yo, entonces ¿qué hacemos con la COPE?
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Nota del autor: Como todo el mundo sabe soy persona honesta, pacífica y de buenas costumbres, así que la colocación de la portada del número de EL JUEVES publicado el día 18 de julio -¡qué coincidencia!- no obedece a ánimo injurioso por mi parte, sino únicamente ilustrativo: procede del Diario El País que, parece ser, también la publica con idéntico fin en su edición digital del día de hoy, 21 de julio de 2007.

Borrachos y borrachas

En la Prensa del día de hoy me encontré con una carta, breve, discreta, en la que se recogían una serie de razonamientos certeros y contundentes que me gustaron y que, sin mucha dificultad, me llevaron a pensar en lo difícil que es hacer que este mundo y todo cuanto habita en él sea, de una vez por todas, “mixto”. Sí, “mixto” con todas sus consecuencias hasta en los espacios más sagrados, en los más racionales, en los más solemnes.

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Se me pone un nudo en la garganta cada vez que en el metro me topo con la recién estrenada campaña del Ministerio de Sanidad sobre el consumo de alcohol en los jóvenes: él, reclinado en una silla y semiinconsciente, sosteniendo el vaso de litro. “El doble de ridículo”, reza el eslogan. Ella, quieta en la pista de baile, con un cubata en la mano y la mirada y el gesto perdidos: “El doble de vulnerable”, reza el eslogan. No se me ocurre otra interpretación que la de que la “vulnerabilidad” de la chica remite a la posibilidad de que sea agredida sexualmente, de que alguien “abuse” de ella aprovechando su estado de embriaguez.
¿Por qué una campaña para prevenir el alcoholismo entre los jóvenes gira en el caso de ellos en torno a su imagen pública (“no debes parecer ridículo”), mientras que en el caso de ellas lo hace en torno a las potenciales agresiones sexuales de que pueden ser objeto? ¿Cuándo narices se nos va a meter en la cabeza, ¡maldita sea!, que aunque una mujer se exhibiese desnuda en mitad de una plaza llena de varones rebosantes de hormonas nadie, absolutamente nadie, tendría el menor derecho a ponerle un solo dedo encima en contra de su voluntad? Si la mujer se hallara bajo los efectos del alcohol o de cualquier otra sustancia, la agresión sería más condenable aún, si cabe.
El mensaje de la campaña no sólo naturaliza el peligro (en vez de criticarlo), sino que resulta culpabilizador (“si no te hubieras emborrachado…”). Entre esto y “la falda demasiado corta” de algunas sentencias judiciales la línea es delgada, demasiado delgada. Me pregunto cuándo podremos las mujeres cogernos un buen “pedo” sin tener que pensar en nuestra integridad física. Estaría encantada de tener que preocuparme por no parecer ridícula.

Laura Vázquez Martí. Madrid

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El muñeco y la jueza macarra

Aquí tienen a Tinky Winky, el muñeco de los teletubbies, sin bolso, pero con una falda blanca, incitando a los niños polacos y a los de la Jueza de Denia a convertirse en unos auténticos “mariconzones”, que diría el Comandante en Jefe.
No hace tanto que un majadero telepredicador estadounidense, recientemente fallecido, la tomó con estos muñecos televisivos fabricados por la BBC, al considerar que uno de ellos, Tinky Winky, tenía por diabólica misión homosexualizar a las tiernas criaturas que merendaban delante de la caja tonta. Cuando yo era pequeño este encargo maléfico le correspondía a Epi y Blas; pero nostros, los niños de la generación x, teníamos como referente a Mazinger Z; toda una inyección de virilidad en nuestros tiernos cerebros de cría de macho hispánico, atacados ya por blanduras lacrimales como Heidi -abuelito, dime tu-, y Marco -no te vayas mamá-.
Ahora a Tinky Winky le ha tocado padecer las iras de la administración polaca. Casi le abren un expediente para saber el porqué de sus poses alocadas, el bolso que lleva en ocasiones, y el sospechoso triángulo que luce sobre la cabeza y que parece delatar su equívoca preferencia sexual. El país de los gemelos Pin y Pon, la Polonia de Radio María y de aquel Papa que se murió, ha estado a un paso de crucificar al pobre Tinky; sin duda para redimirse.

Y mientras en Polonia los burócratas de la vanguardia católica perdían el sueño por un muñeco, en España la Justicia ha pasado a ser, en vez de ciega, una auténtica dama boba: Laura Alabau, la señora de la fotografía, se negó a aplicar el Código Civil vigente y casar parejas del mismo sexo. El Consejo General del Poder Judicial la ha sancionado. Ese día doña Justicia debió levantar la venda mientras se discutía el asunto; aunque también cabe la posibilidad de que trucase la balanza con la que estamos acostumbrados a verla, porque la sanción no tuvo más trascendencia que una multa de 305 euros. No te aconsejo, compañero lector, desafiar a un Juez en una sala. No te aconsejo desobedecer a la impresentable titular del Juzgado de Denia, en Alicante, si la encuentras en el camino; no cuentes con un castigo tan leve, pues no debe olvidar nadie que en España, hasta donde yo sé, todos somos iguales ante la ley, con la sola excepción del Rey, los jueces, los mossos de esquadra y la policía municipal de Gijón.
La jueza Alabau se siente perseguida; y espero que el sentimiento se haga realidad y no la abandone mientras viva a falta de un verdadero encuentro con la Justicia escrita con mayúsculas ¿Qué confianza se puede tener en una magistrada que deja de aplicar las leyes que le disgustan? ¿Qué confianza cabe tener en una magistrada que pone por delante de la legislación aprobada por un parlamento democrático, sus convicciones íntimas de carácter religioso?
Boba han hecho a la dama de la espada; ridícula la Ley Orgánica del Poder Judicial que permite que una falta grave sea castigada casi con un chiste contado a la jueza macarra; y macarra la jueza que se ha creído la reencarnación de Juana de Arco, echándole de paso una paletada de tierra, otra más, a los frágiles huesos de Montesquieu.
Y así va el mundo.

No la hagas…

No la hagas y no la temas. Conocí el refrán en una ocasión en la que pude desquitarme con cierta mala uva de la afrenta que alguien me había hecho tiempo atrás. Sí, he de reconocer que entre mis múltiples defectos está la memoria de elefante y el “je n´oublie pas”. No es que me reconcoma día a día con los sinsabores y los golpes bajos. Creo que ya tengo piel de elefante, o de rinoceronte. Son las deslealtades las que me quedan grabadas a fuego. Supogno que como a todo el mundo, aunque unos empleen una grado de resignación mayor que el que empleamos otros. Sinceramente creo que es un defecto con el que convivo. Désolé
No la hagas y no la temas. El refrán se puede aplicar a los que dicen que asistirían orgullosos a la boda de su hijo homosexual -eso que el alcalde del Partido Popular de Navia, el maleducado Manuel Bedia, llama literalmente “mariconadas”-, pero por otro lado impugnan ante el Tribunal Constitucional la ley que pone fin a siglos de discriminación y ninguneo. Cuanto escuché a Mariano Rajoy decir aquello de que él recomendaría a su hijo una “unión de hecho” me quedé de piedra. Y ya me convertí en hielo cuando no tuvo empacho, sosteniendo nerviosamente el bolígrafo entre los dedos para “dar bien en cámara”, que el recurso de inconstitucionalidad se planteaba por aquello de que hablar de “matrimonio” entre dos hombres o dos mujeres no era muy constitucional.
No la hagas y no la temas. Calculan los sesudos del mundo, los que cuadran todo en números y estadísticas, que el diez por ciento de la población humana es homosexual. El mercado, eso que tanto gusta a las gentes “liberales” de nueva hornada, ya se ha dado cuenta y publicita y vende a un sector de consumidores con alto poder adquisitivo. Rajoy, sin embargo, no se ha enterado. No sabe que en las tiendas especializadas en festejos nupciales ya hay nuevas versiones para el par de muñecos que coronan la tarta.
No la hagas y no la temas. Buen cartel electoral este de Asturias, escrito en el idioma del país. Buena idea también la de no ayudar económicamente al compañero de la foto, del cual hoy no me apetece ni hablar.
Buen día a todos y a todas.

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Libertad

Ayer conocí a Libertad. Quiso hacerse una fotografía conmigo al final del acto que la Logia a la que pertenezco realizó en Gijón, recordando a aquella mujer que, además de su nombre, ha dejado también un ejemplo de entrega y trabajo que anima e impulsa muchos de los pasos que vamos dando. El padre de Libertad fue uno de tantos alcaldes republicanos fusilados. Sus restos se encuentran en la fosa común de Gijón. Un instante de emoción en torno a un homenaje que la ciudad recupera. Un instante hermoso, de esos que quedan ya guardados en esa caja invisible donde escondemos los buenos recuerdos, aquello que vidrió un día nuestros ojos…
Libertad escuchó atenta todo cuanto se dijo. Atendió la palabra de Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa de Gijón, que también estuvo presente y recordó para todos que aquel rincón pequeño, en el que una losa blanca cubre el sepulcro de Rosario Acuña, quedaron también depositadas las cenizas de su compañero, Daniel Palacio.
Saber que Libertad estaba allí, acompañando a una Logia, preguntándome por lo que significaba aquella “estola” que llevaba al cuello, recordando cómo su familia cuidó de las gallinas de Rosario Acuña en aquella casa suya abierta al gigantesco mar, hizo que por un momento mi cerebro volviera a recuperar las imagenes vividas en el mes de enero. Pensé en su padre. Pensé en la deuda que tenemos con todos aquellos gracias a los cuáles hoy estamos aquí; gracias a cuya lucha y empeño hoy yo puedo escribir, lamentarme, pensar, hablar, soñar… Recordé el homenaje que el Gran Oriente de Francia hizo en Gijón al comenzar este año.
Encontrar también a la alcaldesa en el antiguo cementerio civil, sabedora de que asistía a un homenaje hecho por masones a una masona, me hizo pensar también en las quejas que en alguna ocasión he dejado aquí expuestas, bien por ausencias dolorosas en unas ocasiones, o por presencias en lugares y actos donde yo consideraba que no debía estar. No me retracto de las quejas y no me arrepiento, pues las expuse con respeto, basándolas en mi pensamiento y ejercitando una libertad que me corresponde. Pero también es cierto que ayer estaba allí, a mi lado. Habrá quizás quien intente utilizar una fotografía que electoramente no es rentable para ella. Sin embargo lo importante es reconocer que en Gijón esta mujer ha dado un paso importante: representar en una instantánea fugaz el respeto mutuo de dos entidades diferentes: la soberanía popular de una parte; y de otra una sociedad civil, maltratada durante mucho tiempo, vestida por quienes la combatieron con los harapos del mito, la leyenda negra y la ignorancia.
Yo sé que hay y habrá durante mucho tiempo quien no querrá aparecer cerca de un francmasón o una francmasona; negar eso o permanecer impasible frente a ello es un disparate y una traición a nuestros principios y reglas de funcionamiento: existimos para cambiar las cosas y para nuestro propia transformación. El gesto de ayer de Paz Fernández Felgueroso, sin embargo, hará replantearse a muchas personas el falso fundamento que tienen sus creencias y prejuicios. Ni cuernos, ni rabo puntiagudo, ni olor a azufre. Siempre hay quien necesita meter los dedos en la llaga. A Libertad no le hizo falta.
Quiero darle aquí las gracias a los que nos acompañaron ayer. Hay un sentimiento especial de mi parte hacia Libertad; y también hacia Paz Fernández Felgueroso, Alcaldesa de Gijón, porque en esta ocasión ha estado donde debía. Ayer fue un día hermoso: El encuentro con el amigo que se marchó hace algo más de un mes y que pude volver a abrazar de nuevo; la compañía y la palabra de la genial abogada indignada con la casta formada por los letrados jóvenes; la emoción de mis queridisimos amigos del Cotayu; mi apóstata anarquista y excomulgada que nunca vota; mi navegante navegadora…
Ayer fue un día radiante, sí, pero no me olvido de los que faltaron: os eché de menos.

En mi Logia hay dos urnas de cristal en las que guardamos aquellos objetos que integran el pequeño patrimonio de obsequios, recuerdos y gestos cariñosos que a su vez van configurando nuestra modesta historia. Entre todos esas cosas hay una por la que nos preguntan muchos visitantes ¿Qué es esa piedra? C´est quoi ça? ¿Qué ye eso?
Sí. Se trata de una piedra traída de un Campo de Concentración, el de Vernet Arriège, en Francia, que fue visitado por un hermano del Taller. La trascendencia particular y evidente de la piedra radica quizá en que en Le Vernet estuvo prisionero José Artime, hasta que lo deportaron a Dachau. Pero la piedra también simboliza para mí el sufrimiento de la Masonería, compartido con tantos seres humanos, perseguidos por su forma de pensar o de vivir, por su etnia, cultura, sexo, orientación sexual, creencias religiosas o no creencias.
El Gran Oriente de Francia que yo conozco, ya sea en España, en Francia o en Armenia, además de imaginar un futuro siempre tiene una memoria viva vuelta hacia el pasado y el sufrimiento. Una organización centenaria como ésta, creada para el combate ideológico e itelectual, para la construcción de las personas y las sociedades, sabe que si no hay un ayer no habrá presente que vivir ni tampoco un mañana.
Existen también personas, ciudades, grupos humanos, que tienen también clara esta idea y que no se recrean en el pasado, sino que sienten como una obligación compartida el hecho de recordar y conocer qué fue lo que sucedió. Es una forma más de avanzar en esa búsqueda de la Verdad con el riesgo añadido de que, respecto a determinadas cuestiones, siempre habrá quien esté dispuesto a negar, a revisar, o a dibujar la historia de los pequeños libros de otra forma, para esconder los crímenes bajo la alfombra e intentar borrar el insano rubor que desata la vergüenza.
Ayer en Gijón, el Ateneo Obrero y la Amicale de Mauthausen-Gusen recordaron a los asturianos deportados a los campos de concentración nazis. Fue un acto sencillo, en un día luminoso, azul, abierto a este mar nuestro tan infinito y plano, como una eternidad antigua. Quizá por primera vez, las bandas y los collares también azules de los masones del Gran Oriente, sintieron el viento salino que azota los acantilados del Cervigón, justo encima de la casa que fue de Rosario Acuña.

AbuseEstadisticaVírgenes negrasVínicolaTintosCrianzas CrianzaReservaVendimiaBarandaPintas BotellaBotellasVitivinicolaVitivinicolasPlagasVadebacusBarrica BarricasRacimoRacimosPolvosQuesosRiojasMedina del CampoCatador TabernasGarnachasCorcho

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Manifiesto “Por la convivencia frente a la crispación”

Considero necesario, en este momento de nuestra historia, secundar cuantos esfuerzos, actos y empeños se pongan en marcha para conseguir que esta sociedad nuestra no pierda la paz, el progreso y las libertades públicas como ejes orientadores de su evolución y existencia.

Suscribo por tanto, y lo difundo para ayudar en la medida de esta pequeña fuerza, el manifiesto transcrito a continuación y que ha puesto en marcha recientemente un grupo de ciudadanos y ciudadanas.

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Si estás de acuerdo con el texto enviar firma o adhesión con tu nombre, dirección y profesión a las siguiente dirección de correo: nsartorius@bufetesartorius.net

MANIFIESTO

I.- Muchos ciudadanos de nuestro país observamos con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española. Es propio de sociedades democráticas el debate, la confrontación dialéctica, la crítica acerba y, como no, la utilización de los derechos de expresión o de reunión con el fin de manifestar la protesta o el apoyo. Nada de lo anterior nos debe, pues, preocupar ya que forma parte de la normalidad democrática.

II.- Lo que nos inquieta, por el contrario, es que el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto; que el normal funcionamiento de las Instituciones sea trastocado y se niegue legitimidad a quien gobierna por voluntad de la ciudadanía; que el derecho a una información veraz se sustituya por la manipulación sistemática de los hechos a base de mentiras o de medias verdades que confunden a la opinión pública. Conjunto de procesos indeseables que si bien no han conseguido, todavía, provocar una quiebra en la sociedad española, muestran ya indicios preocupantes de que se puede estar gestando esa fractura que conviene detectar y soldar cuanto antes.

III.- Creemos, sinceramente, que este clima crispado no obedece a la situación real de España. Es como si una realidad virtual, construida ex profeso con fines partidarios o electorales, se sobrepusiera a unos hechos objetivos que quedan así, la mayoría de las veces, sepultados por una avalancha mediática que se concentra en ciertos temas y se olvida de todo lo demás. Bien es cierto que nuestro país sigue teniendo problemas serios sin resolver sobre los que, por cierto, no se incide ni se ofrecen alternativas desde la oposición. Pero nadie, con un mínimo de honestidad, podrá negar que la economía marcha razonablemente bien, que el desempleo ha disminuido, que las fuerzas sociales han alcanzado importantes acuerdos, que se han producido avances no desdeñables en derechos sociales y civiles y que, en general, ha aumentado el bienestar de la población aunque, desde luego, no en igual medida para todos.

IV.- Ante la evidencia de estos hechos, toda la carga opositora se ha concentrado en unos supuestos peligros para la unidad de España y en una no menos supuesta rendición del Estado ante los terroristas. Es decir, nada menos que “España se rompe y España se rinde”. Conviene afirmar, pues lo contrario sería faltar a la verdad, que tamaña desmesura no tiene nada que ver con la realidad, al margen de la opinión que cada uno tenga sobre cómo ha administrado el Gobierno tan delicados temas. Las reformas de los Estatutos de autonomía, salvo el de Cataluña, han sido aprobadas por los dos partidos mayoritarios y supone una falsedad obvia sostener que el Estatut, surgido de las Cortes Generales, rompe la unidad de España.Se puede o no estar de acuerdo con la política antiterrorista del Gobierno, pero de ahí a sostener que la decisión, mediante resolución judicial, de que un preso, por muy criminal que sea, pase a la situación de prisión atenuada, ante el riesgo acreditado por los médicos de que puede fallecer, cuando le quedan 16 meses de condena por un delito de coacciones, es una rendición ante la banda terrorista ETA resulta insostenible. Si de lo anterior se deduce, además, que el Gobierno ha pactado ya con la banda, o sus representantes políticos, el futuro de Navarra, de Euskadi y de España, sin acreditar tan graves acusaciones, nos parece que se ha alcanzado tal nivel de exageración y extremismo que se hace inviable un debate racional. En este sentido, no es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático. Esta postura no tiene antecedentes en la Unión Europea. Sobre todo cuando en los últimos años la actividad terrorista ha disminuido en comparación con los cientos de atentados de anteriores legislaturas.

V.- El exceso ha llegado a tal punto que desde organizaciones con amplias responsabilidades sociales y financiadas por el Estado se hacen llamamientos a la objeción de conciencia en el cumplimiento de leyes aprobadas por el Parlamento y desde partidos con funciones de gobierno se apela a la rebeldía civil frente a un Ejecutivo legítimo, aduciendo que la nación española está en peligro. En un Estado democrático y no confesional, las leyes las hace el Parlamento y todos deben acatarlas. La apropiación partidaria de banderas e himnos nos retrotrae a épocas felizmente superadas y sólo puede ser causa de división. Convertir la propia idea de España en bandería es propio de dictaduras y de ideologías extremistas. En democracia no se puede pretender torcer la voluntad ciudadana ni con soflamas, ni con manifestaciones y menos con confusas actitudes “ caudillistas”. Es el voto y solo el voto el que debe decidir quién es el llamado a gobernar.

VI.- Esta política de confrontación se ha inoculado en esenciales Instituciones del Estado que deberían ser inmunes a las batallas políticas. Nos referimos a Institutos tan trascendentales como el Tribunal Constitucional. A veces da la impresión de que se producen movimientos, decisiones o maniobras tendentes a alcanzar objetivos que de otra manera no se lograrían (Véase el funcionamiento, en algunos casos del Consejo General del Poder Judicial) y que van en detrimento del prestigio y de la confianza que los ciudadanos depositamos en ellos.

VII.- Una situación de esta naturaleza no debería, en nuestra opinión, conducir al Gobierno a una actitud de confrontación, pero sí a una exigencia de liderazgo y de capacidad de propuesta. Una parte no desdeñable de la ciudadanía está confusa y es obligación de los gobiernos poner remedio al desconcierto. No es bueno olvidar que cuando la manipulación o incluso la mentira encuentran eco en las personas, ello obedece, generalmente, a una insuficiencia de claridad y de capacidad de comunicación por parte de aquellos que administran la cosa pública.

VIII.- En los próximos meses los ciudadanos vamos a tener ocasión de acudir a las urnas para votar en las elecciones municipales y, en ciertos casos, en las autonómicas. Será, sin duda, una buena ocasión- como siempre que los ciudadanos votan- no sólo de dirimir quien debe dirigir los consistorios y los parlamentos autonómicos sino también de exigir a los partidos y candidatos que se ocupen de los problemas concretos de los vecinos. Somos conscientes de que esta crispación inducida ha podido tener un efecto de hartazgo en los ciudadanos que los inclinen hacia la abstención. Nada sería más negativo en estos momentos. Los extremismos encuentran su espacio cuando la ciudadanía se abstiene y en esta ocasión cualquier inhibición no beneficiaría los avances sociales sino que propiciaría los retrocesos.

IX.- Nos gustaría apelar al buen sentido que las personas de nuestro país han demostrado siempre desde la recuperación de la democracia: que no nos dejemos arrastrar a la confrontación en base a la manipulación interesada; que evitemos dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo; que defendamos el Estado de derecho, sus Instituciones y los avances civiles y sociales frente a los que pretenden hacernos retroceder en el tiempo.

Ciudadanas

Hoy, Charo Hevia, magistrada y titular del Juzgado de lo Penal Número Dos de Gijón, publicaba el artículo que transcribo a continuación, y que me ha parecido de un interés que, seguro, contagiará a muchos y muchas.
Yo, que conozco un poco a la autora, me alegro de que dentro de este mundo togado, triste y sobrio, aparezca esta nota de sensatez, de reivindicación y de razón, sobre todo de razón.

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Olympe de Gouges fue guillotinada el día 3 de Noviembre de 1793. Su crimen revolucionario fue exigir la ciudadanía para las mujeres. Si entendemos la ciudadanía como la capacidad que tiene una persona para determinar su destino en el interior de una sociedad, Olympe fue muy consciente de que la declaración de incapacidad de la mujer para ostentar derechos civiles y políticos en la supuesta sociedad democrática que instauraba la nueva burguesía tras el proceso revolucionario francés, limitaba de forma absoluta ese destino. Su declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana selló el suyo bajo la hoja afilada que arrancó su cabeza.
Por eso causa estupor que se hable de objetar en conciencia a la prevista asignatura de educación para la ciudadanía. Renunciar a conocer el alcance de los derechos y deberes que como miembros de una sociedad nos compete; derechos y deberes que desde hace unos años se definen en los textos legales que hemos dado en llamar constituciones; es renunciar a la conquista de la ciudadanía. A la condición de pares unidos por un contrato social que basado en el principio irrenunciable de igualad nos ofrece, a todas y todos, la posibilidad de determinar con libertad nuestro destino en el marco de un Estado.
Como estupor causa la afirmación de que la asignatura de religión educa para la ciudadanía ¿De qué religión y de que ciudadanía hablan? Porque la condición de ciudadanos del Estado Vaticano es un derecho o privilegio del que gozan muy pocos de los que se declaran católicos, y parece poco viable redimensionar su territorio para que acoja a todos los que dicen profesar esa religión.
Cuenta Hanna Arendt que confesó a un rabino su falta de fe y éste le contestó que la religión podía pasar sin ella, tan solo exigía obediencia. La declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano abolió, para los varones, la obediencia como la razón de su identidad social. La Declaración Universal de los Derechos Humanos hizo realidad por fin la lucha de Olympe para la no exclusión de las mujeres de la condición de ciudadanas. Cuesta trabajo creer que la conciencia parental pueda privar a su progenie del conocimiento sobre el alcance del ejercicio de sus derechos y la asunción responsable de sus obligaciones.
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Olympe de Gouges fue guillotinada en 1793, acusada de estar implicada en actividades del ala “girondina”. Es la autora de la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, encabezada con esta frase: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.”
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Eutanasia: La ley necesaria

Mientras en España celebramos la recientísima aprobación de la Ley de Igualdad, sabiendo de su importante trascendencia para aquello que venimos defendiendo desde hace años; otros nos alegramos también de la anhelada entrada en vigor esta semana la Ley de Identidad de Género, que hará la existencia feliz a muchos y muchas transexuales de nuestro país; y otro número importante de ciudadanos y ciudadanas vemos cómo, a pesar de los riesgos a que se enfrenta el Fuero navarro -cosa que nos tiene a todos preocupados- y los problemas de Mariano Rajoy con los masones, a los que quiere prohibir por ser secta secretista, nuestra sociedad comienza a dar signos de madurez en torno a una cuestión en la que resulta siempre inevitable entrar en debate con las confesiones religiosas; espcialmente con la católica, que estos días alumbra la tea para incinerar fotógrafos, incita a la desobediencia de la normativa educativa del Estado, y reza fervorosamente por los sufridos desahuciados que no se resignan a esperar a la muerte aunque éstos no lo pidan.

Sí, Inmaculada Echevarría, la mujer que llevaba diez años en una cama afectada por una distrofia muscular, sin poder respirar por sí misma, ha muerto. Había pedido que se le retirara la máquina que la mantenía con vida y reclamado respeto a su decisión. Incialmente solicitó que se pusiera fin a su existencia inyectándole algo; pero cuando lo que planteó fue la retirada del respirador artificial al que estaba unida, las cosas cambiaron.

En España la Ley de Autonomía del Paciente permite que éste pueda decidir cuándo no quiere continuar con un tratamiento médico. El colectivo “conservador” -Foro Español de la Familia, Fundación Bioética-, han venido a decir que en este caso se ha suprimido una medida de soporte vital, pero no un tratamiento médico; es decir, se habla desde las cavernas de eutanasia encubierta.

Para tener las cosas un poquito más claras creo que merece la pena diferenciar algunos conceptos que, como siempre, intentan mezclarse para que al final nadie tenga una referencia concreta ni un conocimiento exacto de la materia. Así, hablamos de eutanasia pasiva en aquellos supuestos en los que, dentro del respeto a la Ley de Autonomía, se desiste de mantener con vida a una persona por medios artificiales cuando no hay posibilidad alguna de recuperación. Es el caso de Inmaculada Echevarría.

Pero existe también lo que se ha venido en llamar suicidio asistido. Sería el caso conocido de Ramón Sampedro, retratado en la película “Mar adentro”, calificada por algún extremista de catacumba como apología de la eutanasia: El paciente recibe en este caso la ayuda necesaria de un tercero para quitarse la vida. En España la conducta está sujeta al correspondiente castigo previsto en el Código Penal.

Existe el suicidio no asistido, fórmula de todos conocida que impedía enterrarse en sagrado y que no sé si lo sigue impidiendo; también la sedación terminal, donde no se provoca por el médico la muerte del paciente, sino que se medica a este para evitar su sufrimiento.

Y finalmente nos encontramos con aquello que genéricamente se define como eutanasia y que, con más precisión, vamos a llamar “eutanasia activa“: El médico suministra al paciente terminal los fármacos necesarios para poner fin a su vida.

Inmaculada Echevarría ha renunciado a aquello que la permitía mantener una existencia que para ella, a tenor de sus manifestaciones, no aportaba nada más que sufrimiento. Su voluntad era la de morir dignamente y ése fue el objeto de su lucha en los últimos años. Qué duda cabe que su caso ha hecho despertar y revivir un debate que permanecía apelmazado.

Lamentable ha sido la obstinación sacerdotal en este caso: Inmaculada se encontraba ingresada en un centro de titularidad eclesiástica, el hospital de San Rafel, perteneciente a la orden de San Juan de Dios. Y a pesar de que el parecer del equipo médico que la trataba era favorable a respetar su voluntad, las presiones de la jerarquía eclesiástica impidieron que su deseo fuese atendido. Ha habido que trasladar a la paciente a un centro sanitario de titularidad pública para poder hacer real su voluntad y, en definitiva, alcanzar el respeto de las leyes vigentes en este Estado nuestro, tan soberano para unas cosas y tan de medias tintas para otras.

Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo, ha pedido un rezo de la milicia católica por el alma de Inmaculada ¿le habrán preguntado a ella, quienes tanto respeto piden, si su deseo era ese? ¿Tenemos que ser todos católicos, apostólicos y romanos? ¿No podemos ser otra cosa diferente? ¿Por qué siempre caen los príncipes de la Iglesia y algunos de sus seguidores en la nauseabunda tentación de querer imponernos a todos su credo, su forma de ver las cosas, su sentimiento más o menos trágico de la vida?

España empieza a madurar. A pesar de la cerrazón de tantos; de la dureza del verbo de muchos; del dogmatismo hipócrita de las sotanas, los cambios son imparables y pronto veremos, estoy seguro, un debate serio, sin demagogias , que alumbre un camino hasta la fecha oscuro, y que es ese por donde transitan nuestras existencias en busca de la felicidad.

Portugal

LLevo muchos años deseando ir a Portugal. No sé si son las imágenes que retengo en la retina de la ciudad de Lisboa, captadas en la televisión o en los libros, los discos de Amalia Rodrigues que mi padre escuchaba cuando yo era niño en aquella radio tocadiscos que se trajo de Francia, o mi gusto por los azulejos o el bacalao. El caso es que desde hace ya tiempo este es un viaje que cobra cada vez más peso en esa lista de asuntos pendientes que, de un modo u otro, todos vamos confeccionando en nuestro fuero interno.
Entre tanto voy y no, el país de José Afonso, el pequeño país que se despertó un día entre claveles rojos gritando “terra da fraternidade”, acaba de darme una pequeña alegría.
En los años ochenta se celebró en Portugal un referendum cuyo objetivo era introducir una normativa muy similar a la española relacionada con el derecho de la mujer a abortar y, en consecuencia, a avanzar en la conquista de su libertad y decidir sobre su propia existencia. Aquella primera consulta, en un país con un impresionante tejido rural, todavía atrasado, al que España ha mirado muchas veces como el pariente pobre buscando el consuelo del mal ajeno para evitar la vergüenza del propio, dio un resultado negativo. Las posiciones conservadoras, fuertemente enraizadas a veces hasta en quienes se dicen gentes de progreso, y el peso de la iglesia católica, dieron al traste con aquel primer intento modernizador.
El pasado domingo, sin embargo, los resultados fueron otros. Una amplia mayoría de los votantes respaldaba la iniciativa legislativa para despenalizar la “interrupción voluntaria del embarazo” poniendo así fin a la epidemia de abortos clandestinos que había asolado Portugal conllevando además una alta tasa de mortalidad entre las mujeres.
El Portugal urbano, Lisboa y Oporto, las zonas más industriosas del país, ponían fin al dominio rural y a la imagen de atraso y de dominio eclesiástico. El Portugal laico ganaba una pequeña batalla con la conquista de este derecho de la mujer.
Crítica, muy crítica, ha sido la reacción eclesiástica, interesada en seguir gobernando conciencias con sus criterios desconociendo la existencia de otras posiciones y de derechos ajenos; sin embargo el golpe ha sido certero, dado desde la voluntad democrática de la sociedad civil y dirigido al corazón de la intransigencia y del oscurantismo secular. El Primer Ministro, José Sócrates, ya ha manifestado que, de inmediato, se desarrollará el texto legal, obedeciendo así el mandato popular. Ya no cabe dar un paso atrás.
Queda mucho por hacer no obstante. Ilustro esta reflexión con dos fotografías. Una, con cierto aire romántico, recordando aquel 25 de abril que alumbró la Revolución de los Claveles, símbolo de una época en la que todo un órden construído sobre el dogmatismo político y religioso, se desmoronaba agotado e incapaz de hacer frente a las ansias de libertad ciudadana. Otra instantánea, más antigua, refleja el momento en que una mujer es detenida, en este caso por reclamar el derecho a voto. Son dos lugares diferentes, dos situaciones distintas entre las que he encontrado un punto de conexión: Lo lejos que estamos realmente de tantas cosas y lo cerca que, por contra, pensamos que nos encontramos.
Hoy, el Portugal que fue no hace tanto símbolo de lucha, de rebelión, de futuro, acaba de dar un paso emprendiendo un camino ya realizado por otras sociedades europeas. A pesar de eso, sigue quedando mucho por hacer. Y no hablo ya de las grandes luchas por los derechos civiles, por las libertades públicas. Me refiero a las pequeñas cosas; a los hechos cotidianos que, poco a poco, van haciendo que los grandes cambios sean posibles ¿Cuántos desconocíamos que el aborto era un delito en el Portugal del 25 de abril, de la Europa del Bienestar? Yo, lo confieso, pensaba que el monte todo era orégano. Sin embargo, aquí al lado, a pesar del clavel que enmudece el cañón del fusil, las autovías, los hospitales, las escuelas, las librerías atestadas de volúmenes, los cafés y las tertulias… A pesar de todo eso, aquí al lado, digo, morían mujeres como moscas víctimas de abortos ilegales provocados por el prejuicio religioso, el político y, como siempre, la negación de la libertad individual. Aquí, al lado de nuestras casas, se procesaba a las mujeres por no poder ejercer un derecho elemental. Pensamos pues que la imagen de la sufragista queda ya lejos pero, sin embargo, no cuesta mucho encontrarla en nuestra civilizada burbuja. El paso que se ha dado es, por tanto, gigantesco aunque todavía no podamos guardar determinadas estampas en el baúl de los recuerdos.
Sí, decididamente hay que viajar e ir a Portugal.

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Siglas peligrosas

¿Ha reparado alguien en que las calles de Oviedo, Gijón, y otras poblaciones asturianas aparecen de un tiempo no muy lejano a esta parte llenas de pegatinas en las que se combinan los colores rojo y gualda, la efigie de Pelayo y un niño rubio y de ojos claros orgulloso de ser español? Se trata de una campaña del partido ultraderechista Democracia Nacional que ha chocado con la buena conciencia política de una gran parte de la ciudadanía: Los reclamos publicitarios aparecen mutilados, arrancados de cuajo de las paredes, inservibles a cualquier fin.

El otro día me avisaron de que entre los diferentes modelos que se han sacado para volver a resucitar los viejos fantasmas, hay uno que nos atañe. Sí, parece que los masones tenemos la culpa del cambio climático. Así lo dice la pegatina en custión. Atesoramos tantas claves misteriosas; tantos resortes e hilos, que hemos terminado por acumular los títulos de propiedad de las compañías petroleras y de las industrias más contaminantes que en el mundo son y han sido… Así que si este verano se empieza a sentir más calor del habitual, ya sabe todo el mundo de quién es la culpa.

Nunca me he preguntado qué ha sido de la extrema derecha española, caída en un cómodo anonimato desde que descarrilara el vagón del poder con la muerte del último dictador que hemos conocido en este suelo magullado. Más o menos he tenido siempre claro que las posiciones en la sombra resultan a menudo mucho más cómodas que los heróicos destacamentos en primera línea, y supongo que tras cuarenta años de nacionalcatolicismo alguien habrá llegado a la misma conclusión que yo. Pero esto sí me ha llevado, ahora que las cosas están tan crespas, a reflexionar sobre la conveniencia de que nuestro particular “Frente Nacional” aflore, abandone sus pseudónimos, y revele su verdadera y transparente identidad. En España no existe una extrema derecha declarada que arrastre un importante porcentaje de votos. Tengo la sensación -somos muchos los que la tenemos- de que la bestia inmunda permanece agazapada en alguna parte, quizá en el corazón mismo de la democracia. Aquí, ya se sabe, todos somos de centro.
No me preocupan las viejas siglas, ni su campaña de pegatinas. Menos me asustan cuando veo que el pobre mensaje es arrancado sistemáticamente de forma rabiosa y metódica. Y no me preocupan las nuevas siglas que van apareciendo: Hoy, por ejemplo, me he encontrado con un horrible cartel de otro pequeño partido de corte ultraderechista que anunciaba su nacimiento con la fotografía de un bebé ensangrentado y recién parido; este “novedoso proyecto” llamado Solidaridad y Autogestión Internacionalista es apoyado desde lugares como www.solidaridad.net . Se trata de otro engendro creado esta vez al amparo de una imagen de compromiso con los más pobres. Muchos de los que me leéis estaréis cansados de ver en ocasiones delante del teatro Campoamor, en Oviedo, o en la Plaza del Parchís, en Gijón, un grupo de jóvenes que, amenizando el asunto con música, distribuyen una publicación que se llama Autogestión; o inundan las paredes en Navidades con carteles recordando que mientras nosotros nos atragantamos en Nochebuena hay un montón de gente que se muere de hambre; o nos recuerdan la necesidad de Justicia Norte-Sur… ¿Quién puede oponerse a esto? ¿Quién puede pensar que tras este mensaje puede esconderse una ponzoñosa lengua bífida?
Pues sí, se esconde. Un pequeño repaso a la página web que indico nos ayudará a encontrar una extraña confusión entre religión católica, política y ataques al Gobierno actual del país. Y si le dedicamos un poco de tiempo veremos que hasta hay un pequeño apartado dedicado a la Masonería, y también alguna referencia a la Asociación de Propagandistas Católicos, de la que aquí nos hemos ocupado en alguna ocasión.
No; como decía no me inquietan ni las viejas ni las nuevas siglas. Al fin y al cabo termina siendo fácil identificar estos planteamientos totalitarios, en los casos descritos anhelantes de protagonismo, por mucho que se disfracen y utilicen como cobertura hasta las causas más nobles.
Pero pienso que sí debe preocuparnos no saber dónde están. Por dónde se mueven. Hacia dónde van. A mí me preocupa no saberlo y tener que conformarme con intuírlo. Y creo que la intuición, como decía antes, será compartida por muchos. Esta es la particular situación de España; tan diferente todavía a la de nuestro entorno europeo, pero donde se puede apreciar que el peligro real existe y subsiste, quizá de una forma tan sutil que el modelo seguido no se ha reproducido en ningún otro lugar. Sómos únicos hasta para vestir al diablo.

Breve elogio de la blasfemia

Tenía en mente dedicarle unos pensamientos a las manifestaciones del fin de semana: la madrileña roja y gualda, con cruces de San Carlos como en los viejos tiempos, y la de Bilbao, armada de sotanas y delicadas voces; pero dejaré las ironías para otro momento mejor, pues hoy un buen amigo me ha remitido el comunicado del Gran Oriente de Francia en apoyo de los periodistas del semanario Charly Hebdo, que se sentarán en el banquillo de los acusados en breve.
Cada vez que me acuerdo de este asunto de las caricaturas de Mahoma, tan absurdo y ridículo, no soy capaz de evitar recordar la actitud de Carrefour en Egipto, que colocó en su centro de El Cairo un gran cartel en el que anunciaba que en aquel lugar no se vendían productos daneses ¡Sálves quien pueda!
Ahora, por publicar las mismas caricaturas, un grupo de periodistas franceses son el objeto de una querella que no persigue otra cosa que convertir en delito de blasfemia aquello que no es sino el puro y sencillo ejercicio de la libertad de expresión. Ahora, Carrefour, guardará silencio. El Gran Oriente de Francia, no: Ni calló entonces, ni calla ahora.
He titulado este comentario “Breve elogio de la blasfemia” pensando en los que se ofenden. Lo he hecho porque rechazo la blasfemia de forma tajante, pues aborrezco de cualquier ofensa a la íntima y privada libertad religiosa. Pero de la misma forma rechazo que esas convicciones personales e íntimas tengan la osadía o la intención de regir el comportamiento de los miembros de nuestra sociedad; o ambicionen cercenar lo que no es otra cosa que uno de los pilares fundamentales de la sociedad democrática. Por eso, no tengo otro propósito hoy que sumarme orgulloso al elogio de esa conquista que tanto ha costado a nuestra ciudadanía. Eso que permite que el pensamiento no se ahogue en los pasillos del miedo y surja, libre, orgulloso, alegre, impetuoso, para llegar a aquellos que quieran acogerlo. Éso que unos pocos, diferentes entre sí, pero aunados bajo las formas de la más vieja fórmula de dominación humana, llaman blasfemia.
Los que se van a sentar en el banquillo no son cuatro infelices irresponsables que han ofendido un credo religioso. Somos todos; aquellos que no creemos o creemos; aquellos que hablamos más o menos; que pensamos de una forma o de otra, o que, sencillamente, no pensamos. Somos todos, amenazados por una tiránica dictadura: el dogmatismo.
Elogiemos a estos reos, hijos de la razón, del siglo de las luces, de todos esos valores tan eternos que nos permiten vivir en paz, armónicamente; esos principios modernos sin los cuales el mundo que conocemos dejaría de existir; y sin los que ese mundo que todos soñamos cada día al levantarnos de la cama no se atrevería a abandonar el reino de los cielos. Sigamos soñando. Sigamos sabiendo qué frágil es el tesoro que se va a enjuiciar; porque mientras tengamos una clara conciencia de que podemos perderlo todo en cualquier momento, conservaremos la feliz virtud de la blasfemia.

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